100 años Hogar Arturo Prat ¡Un hogar con puertas abiertas!​​​​

Actualizado: 8 nov


Cuando aún la oscuridad persiste y el día no amanece en el Cerro la Cruz, donde se empina orgulloso el Hogar de Niños Arturo Prat, los niños y jóvenes que ahí viven comienzan su rutina lentamente. Salir de la cama, ir al baño, lavarse los dientes, peinarse y vestirse para una nueva jornada escolar. Se escuchan las voces de los educadores preocupados y atentos para que ese diario ritual se cumpla rigurosamente. Algunas veces es sencillo lograrlo, otras, es una misión difícil. ¿La razón? Los niños que viven ahí han sabido del abandono, de golpes, de miseria. Una realidad que llevan en las venas y que aunque no se ve, late fuerte como las olas que tallan las rocas.


Necesitan ser escuchados, amados y entendidos, y esa misión la realizan con determinación todos lo que hacen posible la labor de este hogar que cumple 100 años de historia. Ellos, los niños, los jóvenes que están viviendo en las distintas casas que tiene el Hogar Arturo Prat, han encontrado lo más parecido a una familia, con la cual reir, soñar, jugar a la pelota, compartir un plato de comida. Cosas normales que se vuelven extraordinarias cuando has sufrido en tu corta vida lo indescriptible. Esa normalidad tan necesaria para enfrentar la vida con vocación de soñador. “Lo que pasa que cuando siempre has tenido a alguien que te quiera, no sabes lo que significa no tener afecto, y estos chicos requieren de mucho amor y compromiso. Por eso nuestra misión es darles un hogar, entregarles un camino para que tengan la vida que se merecen”, nos cuenta Jaime Rojas, Gerente de Hogar Arturo Prat.

En estos 100 años de existencia, diez mil niños han pasado por el Hogar Arturo Prat que luce más que orgulloso en sus 7.600 metros cuadrados de construcción, que permiten dar vida a un proyecto que hoy cuenta con importantes remodelaciones para dar mejor servicio educacional a los niños y jóvenes que tanto lo necesitan. Tres casas que albergan a niños de diferentes edades, entre 6 a 17 años. Una cancha de fútbol. Un gimnasio totalmente equipado con máquinas para hacer ejercicio y otro techado para jugar basquetbol o voleibol. Una sala de computación, huerto, biblioteca, wifi, un casino con comida calentita y hecha con amor. Pero lo más importante, “tios y tias” que no dejan de mirarlos, de contenerlos, de revisar sus tareas, enseñarles, escucharlos y darles tiempo, tiempo.


Muchos de ellos juegan en el estacionamiento, otros en la cancha con el mural de la “Generación dorada” de fondo, y algunos se quedan en sus dormitorios, pero todos miran la bahía, el mar que los acompaña como si fueran marinos yendo a un puerto seguro y el hogar fuera un buque en el que la tripulación navega sin descanso, con el amor erguido en la sala de máquinas y en la cubierta. Esta analogía tiene un sentido muy claro, porque el hogar lleva el nombre del máximo héroe de Chile y en el año 1968, la administración estuvo a cargo del Vicealmirante(R), Manuel Quintana Oyarzún, por lo que el Hogar Arturo Prat guarda en sus pasillos y memoria, la cultura naval. “Estoy seguro que sin el apoyo de la Marina nuestro hogar no hubiera llegado a cumplir 100 años. Un verdadero orgullo para nuestros antecesores y para los que hoy trabajan por hacer una diferencia en la vida de los niños y jóvenes que cuidamos”, cuenta Carlos Ruiz, Director de la Asociación Hogar Arturo Prat. De esta forma, la institución hoy opera y se desarrolla con el aporte de socios activos, que son personas voluntarias del mundo civil y de la Armada y desde 1984, se suman los subsidios de asistencia del Estado a través del Servicio Nacional de Menores (“MEJOR NIÑEZ”, EX SENAME)

En el Hogar trabajan educadores, psicólogos, terapeutas ocupacionales, asistentes sociales, un inspector general y la directora, Makarena Ugarte. Ella nos cuenta que lo que se quiebra cuando los niños vienen de una familia que los abandona o descuida peligrosamente, es el apego. “Cómo reparamos el apego en primera instancia, a través del vínculo que generamos con ellos”, afirma Makarena. “Eso significa que buscamos un adulto, papá, mamá, abuela, o alguien para que se posicione como adulto responsable, como adulto significativo. A veces lo conseguimos y el niño logra egresar con una familia, pero otras veces no. En ese caso, trabajamos para la vida interdependiente”, explica la directora del Hogar Arturo Prat.


PROYECTO VIDA INTERDEPENDIENTE


En forma excepcional en aquellos casos en que no ha sido posible restituir el derecho a vivir en familia, el Hogar posee una vasta experiencia en preparar a jóvenes para que se incorporen a la vida independiente fomentando su capacitación técnica profesional. “Este proyecto nace para darles una oportunidad a los chicos que salen de cuarto medio para que puedan seguir estudiando. Para ello, remodelamos una casa completa al interior del hogar en la que ellos deben hacerse cargo y responsables de los gastos, limpieza como si fuera su propia casa”, nos explica Jaime Rojas, Gerente HAP.


Para Carlos Ruiz, director de la Asociación Hogar Arturo Prat, la labor no está terminada cuando los jóvenes cumplen 18 años. “Creo que esto debe proyectarse mucho más allá, por lo que todo aquel que lo necesite tendrá nuestro apoyo”, afirma.


Este hogar es un hogar de puertas abiertas, es un hogar al que los niños vuelven. Y lo hacen porque saben que tienen la oportunidad de volver a empezar y soñar con un futuro mucho más feliz.

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